lunes, 24 de octubre de 2016

Libro gratuito digitalizado " El mono desnudo" Desmond Morris

Podría sostenerse que, si nuestros antepasados primates tuvieron que apañarse sin un elemento importante de carne en sus dietas, nosotros podríamos hacer lo mismo. Si nos convertimos en comedores de carne, fue sólo debido a las circunstancias del medio, y, ahora que tenemos el medio bajo control y disponemos de productos agrícolas cuidadosamente cultivados, nada nos costaría volver a nuestros antiguos hábitos primates de alimentación. En el fondo, el credo de los vegetarianos consiste en esto; pero es evidente que ha tenido muy poco éxito.

El impulso de comer carne parece haber arraigado en nosotros en forma excesiva. Ante la oportunidad de devorar carne, nos mostramos reacios a prescindir de ella. A este respecto, es muy significativo que cuando los vegetarianos explican las razones que les movieron a escoger esta dieta, raras veces dicen que lo han hecho simplemente porque les gusta más que cualquier otra. Por el contrario, urden una complicada justificación, en la que involucran toda clase de inexactitudes médicas y de inconsecuencias filosóficas.

Aquellos individuos que son vegetarianos por su libre elección procuran hacerse una dieta equilibrada, utilizando una gran variedad de sustancias vegetales, a semejanza de los típicos primates. En cambio, para algunas comunidades, la dieta en que predomina la ausencia de carne se ha convertido más en una triste necesidad práctica que en una preferencia ética de minoría.

Con los progresos de las técnicas de cultivo de vegetales y su concentración en unas cuantas clases de cereales de primera necesidad, ha proliferado, en ciertas civilizaciones, una especie de eficiencia de baja graduación. Las operaciones agrícolas en gran escala han permitido el desarrollo de enormes poblaciones, pero el hecho de que éstas tengan que depender de unos pocos cereales básicos ha acarreado una gran insuficiencia de nutrición.

Las personas afectadas pueden procrear abundantemente, pero producen ejemplares físicamente mezquinos. Cierto que sobreviven, pero sólo lo justo. De la misma manera que el abuso de las armas técnicamente perfeccionadas puede conducir al desastre agresivo, así el abuso de las técnicas de alimentación culturalmente desarrolladas puede llevar a un desastre por falta de nutrición. Las sociedades que de este modo han perdido el esencial equilibrio alimenticio pueden ser capaces de sobrevivir, pero tendrán que vencer los extendidos y perniciosos efectos de la deficiencia en proteínas, en minerales y en vitaminas si quieren progresar y desarrollarse cualitativamente.

En las sociedades más sanas y adelantadas de hoy día, se mantiene perfectamente el equilibrio de la dieta a base de plantas y de carne, y a pesar de los dramáticos cambios producidos en los métodos de obtención de suministros alimenticios, el progresivo mono desnudo de hoy en día sigue alimentándose, en parte, según la misma dieta fundamental de sus remotos antepasados cazadores. Una vez más la transformación es más aparente que real.

Fragmento




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